Sheffield blitz, parte 1

Hay un primer Freud, un segundo Freud, un tercero y hasta un cuarto. Pensando seriamente cuál de los 6 Jarvis aparece en el d class. Corría el año 1995 era verano y hacía calor como diría la canción de los twist y los medios seguían discutiendo aún si Oasis era mejor que Blur. Y llegó un documentalista a leer La gran Bretaña de los 90 con potos de botella y ya nada fue igual.

Hoy Francisco Ortega me hizo pensar en Jarvis a partir de algo que escribió acerca de Jorge González y esa idea de llamarlo rojo o resentido. Lo que ponía en juego Ortega era la idea de que esa misma gente que jode con Jorge, al mismo tiempo bailaba en fiestas a los smiths o a Pulp, y en donde Ortega acierta es justamente en que Jarvis debe ser de los letristas más corrosivos acerca del sexo y de las clases sociales que han salido de Inglaterra.

De partida pulp surge a finales de los 70 y sacan su primer disco en el 83 y nadie los pesca hasta su cuarto disco. Uno podría pensar que venir de Sheffield podría tener algo que ver con tener el cuero tan curtido. George Orwell dijo en 1937: “Sheffield, supongo, que podría reclamar justamente ser la ciudad más sucia del viejo mundo”. En la segunda guerra mundial, las fábricas de acero que existían se pusieron a hacer armas y balas para la guerra por lo que la ciudad se convirtió en uno de los principales blancos de bombardeos. Entre el 12 y 15 de Diciembre de 1940, lo que hoy se llama Sheffield blitz, en 3 días murieron más de 600 personas y varios edificios quedaron en ruinas. ¿es casual que bandas como cabaret voltaire, human league o heaven 17 vengan de ahí? No nos pongamos pilarsordianos y volvamos a pulp. ¿por qué yo nunca pude meter a pulp en la casilla del brit pop?

De hecho para mí ponerme a escribir de estas cosas siempre significa tratar de preguntarme cosas. SI ya supiera las cosas de antemano ¿para que chucha escribir?

Bueno, esta vez no escribiré canción por canción el different class sino que aprovecharé para hablar de este disco y cómo es que la calle, el amor y la adolescencia se vuelven transversalmente algo político. Las calles son una trampa, los amores son puras fantasías que puedes ver sólo de lejos. Y todo parte por el csm de Jarvis que elige poner de de foto de portada una foto real de un matrimonio. La historia cuenta que un día la madre del novio vio un cartel del disco en una disquería y que Jarvis le manda una foto autografíada que dice: “Muchas gracias, Dom y Sharon por dejarnos colarnos en su boda”. Eso que hoy parecería lo peor del universo y un uso de imagen sin pagarle a nadie, en este caso debe ser tal vez uno de los casos más consecuentes de un disco en la historia. Al fin y al cabo, el different class es justamente eso. Alguien que se cuela en una fiesta sin pedirle permiso a nadie. Pero no sólo sin pedirlo sino haciendo de eso un gesto político. Esa fiesta y esa foto es justamente lo que Jarvis piensa de todo: Entrar en esos lugares a los que jamás fue invitado. Springsteen hablaba de camioneros, Jarvis hablaba de los hijos de los obreros que nacieron con padres desempleados o en paro. Crecieron viendo la fiesta desde lejos. Espiándola como si el orden del mundo les hubiera sido siempre algo extraño. Si el brit era la fiesta, pulp era el que la miraba desde afuera de la ventana. Trastoca lo cotidiano, no critica las cosas sino que las vuelve obsoletas. No es la Inglaterra que quiere poder tener plata para poder ir al mall sino la que mira los maniquies como si fueran una metáfora de los humanos que caminan por la calle, que hacen pasos de baile nuevos y son felices creyendo que que haya salido un nuevo estilo de baile es una razón para alegrarse. Este es un disco conceptual pero no al estilo de los que hacían los prog. Este es un disco que podríamos pensar que es para los 90, lo que el the queen is dead fue para los 80. Intenté por primera vez en la vida leer cosas antes de escribir algo y me fue mal. Me fue tan mal que hasta se me acabaron los cigarros. Si uno pudiera empezar a decir algo del different class realmente de verdad, habría que partir por ahí. Por alguien sin más nada que unos audífonos tratando de entender la manera en que parte este disco. ¿con quién chucha pelea Jarvis? ¿cuáles son las lineas laterales? ¿por qué si todos los de antes de él odiaban su colegio Jarvis dice que aprendió tanto en la escuela? ¿cómo es que alguien logra empezar un disco diciendo: “No nos parecemos a ti, no hacemos las mismas cosas que tú, pero también vivimos por aquí” Y uno sigue pensando como sigue el disco y lo que te sale es pencil skirt. Jarvis pasa de los plurales políticos a la micropolítica de levantarle la falda a la esposa de todo eso que odia. “Te enseñaré todo eso que haces mal” canta Jarvis en la letra pero no se lo dirigirle a ella sino al que no está ahí para hacerlo bien. De hecho, Pencil skirt es una canción que está dirigida a ese ausente que no es un hombre real sino a un sistema entero que si no fuera Jarvis el poeta que es, podría estar representado por el latino que limpia la piscina en miles de películas gringas.

Not Molly Ringwald

Publicado en molécula el 2012

La primera vez que escuché a Hefner, escuché a un nerd vengándose del mundo, por lo que me vi obligado a tener que entender bien las letras para saber si no era otra versión de mi adolescencia, esa que me ahogaba en un almohadón de plumas de Quiroga.
Estamos acostumbrados a ser lobotomizados desde la infancia para creer que el himno es “el himno”. Recuerdo que cuando Charly García hizo una versión distinta del himno argentino las polémicas patrioteras llovieron.
Y llega Hefner a destrozarme con himnos que se llaman himnos.
Bueno, si uno es del planeta Hefner está obligado a elegir entre los siguientes:

The hymn for the alcohol
The hymn for all the things we didn´t do
The hymn for the cigarettes
The hymn for Thomas Courtney Warner
A hymn for the coffee
A hymn for the postal service

Me gustan todos pero el que más me gusta, es justamente el que me ha convencido, de que hay muchos más himnos en sus temas que los que salen en el título.
Resumiré algo que me pasó hace dos semanas para explicar por qué me gusta tanto Hefner.
Estaba en un asado y uno de los participantes dijo que una de sus películas favoritas era million dollar baby. Aclaro que siendo fanático de Clint Eastwood, las dos películas de él que menos me gustaron fueron esa y río místico: ¿Por qué?
Porque es cuando más quiso decir cosas importantes, tal vez porque en una de sus últimas entrevistas dijo que se estaba sintiendo viejo sintió que estaba con poco tiempo para decir “algo verdaderamente importante” que dejara un mensaje y ahí es donde la moraleja invade a los personajes, obligándolos a ser importantes y a dejar de tener matices para dar un mensaje.
Llegados a este punto, Hefner hace himnos sin querer hacerlos y cuando los nombra, lo hace como un homenaje, no a lo que tienen que decirle al mundo sino a lo que no alcanzaron a decir, no hay moralejas sino preguntas.
Demasiado prólogo para decir que la siguiente frase hizo que Hefner se transformara en un tema pendiente en la agenda que aún no tenía, y dice lo siguiente:
You never drank it with me but now you drink it with him, I’m not good enough for whiskey, not good enough for you.
No cometeré el sacrilegio de interpretar nada, sino sólo decir que un himno no se construye repitiéndolo en el patio de un colegio, ni nombrándolo repitiendo conductistamente sus frases.
Para mí un himno es eso que no me esperaba y que habla de mí, sin más obligación que la que hace que me reconozca, en lo que un segundo antes, me era desconocido.
Mi primer respeto a Hefner es justamente que sus himnos andan buscando banderas, más que instalándolas. Que no teniendo claros los territorios ni los mapas, escriben intentando encontrar ese mínimo sentido que los sitúe en algún lado.
El segundo, es que hayan creado una frase como: I stole a pretty bride during the summertime.
Sobre todo me quedé pegado con el stole y el during. Con el stole me pasó que lo robado es algo que ya de antemano no te pertenece y si le agregamos el during the summertime, creo que es el mejor himno que no han hecho a la fantasía o a lo que siendo tuyo sabes que en cualquier momento dejará de serlo.
Como si desde lo más loser saliera sin quererlo, una universalidad no pretendida, que dice que incluso lo más eterno es efímero y robado.
No diré más porque tendría que cambiar el título por million dollar baby.
Hefner lo dice muchísimo mejor que yo en gran parte de sus letras. O por lo menos eso creo.

Pum pum punki

Pocas veces he leído un prólogo antes de una novela y menos veces me he interesado por escudriñar en la vida del autor de una obra que me ha cautivado. Le tengo fobia a la interpretación biográfica del estilo “su madre lo trató mal, por eso sus letras destilan esa misoginia que en realidad no se dirige a las mujeres en general sino a su madre”, porque creo que dicen más de quien las escribe, que de lo que se intenta decir.

Los prólogos, la biografía y las interpretaciones sólo me interesan si el autor se interna y logra dar cuenta de la imposibilidad de la objetividad. Si asume el lugar desde donde habla como un intento de vérselas con una verdad esquiva, inseparable de la visión que se tiene de las cosas. Siento pena por los problemas que algunos tienen en la búsqueda de esa objetividad en forma de religión, cuando se ilusionan con un paréntesis o un más allá del estado de las cosas que los ha situado frente a un computador o una máquina de escribir.

Tal vez por esto, me dirigí al Cine Arte Alameda cargando las dudas de mi adolescencia (como cuando tenía que marcar los botones del teléfono de esa mujer que tanto me había costado conseguir), a ver el documental de The Pogues. Pensé sin demasiados argumentos que los documentales son una ficción temerosa de serlo, y que odio las librerías con carteles de no-ficción.

Luego fantasié acerca de las caras de los punks que tal vez se habían envalentonado la semana anterior con lo de Joey o con los Undertones, que venían después y habían sido publicitados por la muerte de John Peel. Imaginé que uno que otro cambiaría su forma de ver la vida, o que ese folklore fome se haría merecedor de por lo menos una tensión de las ideas preconcebidas. Luego me imaginé un documental triste acerca de los riesgos de la cirrosis. Después, a un director que filmaba desde la lástima.

Afortunadamente, me equivoqué y me vi obligado a repensar la idea manoseada de lo que actualmente significa el punk, porque no sólo descubrí que al protagonista le faltaban los dientes sino que también estaba descolocada la imagen que debiera representar para su público, ya que ese gran señor no sabe lo que significa ser un producto, por lo que tampoco entiende la lógica del consumo. Admira a los Sex Pistols y absorbe el folklore irlandés sacándolo de lo que pudiera ser una world music, ya que no conoce otro mundo que el propio. Me arriesgo a decir que para mí los grandes grupos nunca han entendido muy bien justamente esta dirección de sus palabras, y es esto lo que muchas veces los hace escribir, fantaseando esa dirección, dirigiéndolas a un lugar ajeno a las etiquetas y a los productores que saben qué es lo que hay que producir y cómo hacerlo. Me habría encantado que los que hablan tan claramente del rock and roll hubieran estado ese día para entender el por qué se habla de que el rock and roll es una actitud. No necesité demasiados argumentos para entender por qué en algún momento un grupo como Virus fue contestatario o por qué merece entrar en un recuento rockanrollero el hecho de que Dan Aykroyd y Belushi recibieran botellazos cuando tocaban blues para un publico country fascistoide en The Blues Brothers.

¿Qué pasa cuando el rock se acomoda en su etiqueta y su rebeldía adquiere un nombre dentro del estado de las cosas? ¿Sigue llamándose rock?

Que fácil se nos vuelve a veces pensar que el pop es un hermano pobre: sólo cabe en una peluquería si el rock tiene un lugar tan seguro dentro de nuestras certezas.

Me surgen estas preguntas a partir de un documental que ha sido filmando con una distancia que ha desconfiado de las etiquetas, y se ha acercado a una verdad sin nombrarla ni poseerla. Recuerdo cuando Godard se preguntó si era posible filmar la muerte sin sentirse un impostor, y empiezo a respetar todo lo que puede decirse pero que no es posible poseer: la relación entre las palabras y las cosas se vuelve una eterna infidelidad, una eterna poligamia en la cama de los significados.

Pienso en Billie Holiday cuando cantaba ‘Strange fruit’: debía cantarla como si esa fruta extraña fuera un negro colgado de un árbol, y su autor era negro, judío y homosexual, trilogía que hasta el día de hoy es sospechosa para muchos. Pienso cómo el rock funcionó durante mucho tiempo como un termostato de lo que sería pensado como rebeldía para que no fuera buscada en otro lado. Para que fuera una rebeldía calculada, una rebeldía visible que no permitiera buscarla en otro lugar.

Pienso entonces en la dificultad al hacer un documental de los Pogues respetando lo que de antemano sabemos que no entrará en el cuadro, y debo agradecer a quienes se dieron el tiempo de ponerlo dentro del programa y a los que aún usan sus ojos para ver lo que a veces es difícil ver; al esfuerzo de mirar de costado o de reojo, que aún no calza en el nuevo modelo de Ray Ban. Sigo con la ilusión: no me molestaría que el día de mañana Chico Pérez comentara en SQP el documental de Pogues, y que alguien en la calle tarareara una de sus canciones en vez de Enrique Iglesias o Karen Paola. Sigo creyendo que a veces lo más simple es lo más difícil, y que es todavía más complicado filmar lo que intento decir en este momento. Agradezco que exista gente más lúcida que yo y que me ahorre años de preguntas acerca de cómo decir eso que aunque esté en la punta de la lengua tal vez siempre se quede ahí. Que lo ponga en imágenes y que uno intente explicarlo y no pueda, y que todos los críticos de cine intenten explicar lo que sólo ha sido posible de ser dicho en imágenes y silencios, y que sea difícil ponerle estrellas y que no entre en ningún recuento anual porque sigue generándonos preguntas para los años siguientes.

Tal vez por esto lo pendiente se vuelve importante y no permite ser archivado como la espera de una novedad, como algo que ya ha sido dicho, sino como lo que aún nos sigue hablando.

Por ahora, esto es el documental de Pogues para mí.

Fairytale of New York

Jem finer de los pogues pensó primero en un marinero de alta mar extrañando a su mujer en navidad y la esposa de Finer, le sugirió una especie de momento pimpinela de una pareja peleándose y terminando en esperanza.
Mcgowan tomó la música de la primera y la letra de la segunda y se la llevó a new york.
Pensó en que la voz de la mujer la hiciera la bajista de los pogues y como terminó casándose con Elvis costello se quedaron sin mina.
Lo interesante de esta versión es que terminó siendo cantada por Kirsty MacColl, esposa del productor y que en el 2000 termina muriendo en el mar en situaciones desconocidas.
Y ahora me parece interesante decir, que si algo nos dice un irlándes curado que ya no tiene casi dientes, es primero que vale callampa el diente que se le cayó o no a Raphael o que importe más los dientes del dandy más que lo que salga de su boca.
Segundo es que Chile por primera vez se da cuenta que sus inmigrantes son internos y para eso no hay nadie mejor que shane de los pogues para hablar de amor, pero también de despedidas.
Nada más tortuoso que ponerse a pensar en que los pobres siempre han sido un poco inmigrantes en su propio país pero no escuchan a los pogues porque prefieren que les hablen de problemas menos grandes como volver a reconquistar a su mina.
Pasará el terremoto en los medios, ahora llamado reconstrucción. Cansará la ayuda porque los pobres volverán a ser flojos del sur para arriba.
Pero los pogues siempre serán los pogues. Serán de esos capaces de hacer canciones que les alegren a los que se juntaron en otro país pero también de los que les siguen recordando a los que ya no están, a los que se fueron y no volvieron y a los que nunca llegaron, que la navidad perfecta existe sólo para unos pocos. Que la navidad perfecta es fome. Que la felicidad de 2 que se juntan a veces es más potente que un we are the world.
Esa es una de las enseñanzas de los pogues, ni la navidad es arbolito, ni la ayuda en tiempos en que es necesaria basta. Una de las gracias de los pogues es que han sabido hablar de los pobres y los borrachos y los inmigrantes con más alma que una teletón o el servicio social.
Historias como esas hay millones en chile. El tema es que alguien quiera contarlas.

Jem finer de los pogues pensó primero en un marinero de alta mar extrañando a su mujer en navidad y la esposa de Finer, le sugirió una especie de momento pimpinela de una pareja peleándose y terminando en esperanza.
Mcgowan tomó la música de la primera y la letra de la segunda y se la llevó a new york.
Pensó en que la voz de la mujer la hiciera la bajista de los pogues y como terminó casándose con Elvis costello se quedaron sin mina.
Lo interesante de esta versión es que terminó siendo cantada por Kirsty MacColl, esposa del productor y que en el 2000 termina muriendo en el mar en situaciones desconocidas.
Y ahora me parece interesante decir, que si algo nos dice un irlándes curado que ya no tiene casi dientes, es primero que vale callampa el diente que se le cayó o no a Raphael o que importe más los dientes del dandy más que lo que salga de su boca.
Segundo es que Chile por primera vez se da cuenta que sus inmigrantes son internos y para eso no hay nadie mejor que shane de los pogues para hablar de amor, pero también de despedidas.
Nada más tortuoso que ponerse a pensar en que los pobres siempre han sido un poco inmigrantes en su propio país pero no escuchan a los pogues porque prefieren que les hablen de problemas menos grandes como volver a reconquistar a su mina.
Pasará el terremoto en los medios, ahora llamado reconstrucción. Cansará la ayuda porque los pobres volverán a ser flojos del sur para arriba.
Pero los pogues siempre serán los pogues. Serán de esos capaces de hacer canciones que les alegren a los que se juntaron en otro país, pero también, de los que les siguen recordando a los que ya no están, a los que se fueron y no volvieron y a los que nunca llegaron, que la navidad perfecta existe sólo para unos pocos. Que la navidad perfecta es fome. Que la felicidad de 2 que se juntan a veces es más potente que un we are the world.
Esa es una de las enseñanzas de los pogues, ni la navidad es arbolito, ni la ayuda en tiempos en que es necesaria basta. Una de las gracias de los pogues es que han sabido hablar de los pobres y los borrachos y los inmigrantes con más alma que una teletón o el servicio social.
Historias como esas hay millones en chile. El tema es que alguien quiera contarlas.

Por Pablo Rosenzvaig en Crónica Sonora.

Spread the love
more
Cuando pensé en escribir para Crónica Sonora una columna de música, lo primero que se me ocurrió fue agarrar un árbol genealógico y dejarlo sin agua, mirarlo de afuera y verlo disecarse y que se pareciera a esos mapas antiguos con manchas de café desde el bisabuelo hasta ese pelotudo anti aborto que existe siempre en una familia y habla de los que aún no nacen.

Mi idea era empezar con Nick Cave y llegué a escribir de casi todos sus discos, desde Boys Next Door a los Birthday Party a los Bad Seeds y todo cambió cuando llegué al Let Love In, cambié de opinión.

Hacer una columna que se trate de discografías completas es algo que me parece muy necesario pero es algo que hoy no me interesa. Obvio que es bacán leer a esa gente obsesiva que te escriba de todo y de todo y de absolutamente todo y aunque algunos crean que la adultez se trata de escribir cada vez más o que dejar de reincidir, es como jugar mejor al scrabble, hoy partiremos con una nueva columna. Esto para mí es respeto, para otros se llama narcisismo.

Suele suceder en demasiada gente esa cosa rara de que tratar de explicar cómo chucha llegaste a algo, es una especie de sinónimo del narcisismo. Y yo ya estoy tan pero tan cansado de explicar estupideces que me pondré a escribir de nuevo. Esta columna se va a tratar de discos que para mí, han cortado en 2 pedazos la historia de una banda o mejor dicho, que han reescrito la historia de una banda. Vamos a partir con el Let love In.

Nick mirando al cielo, 2 pezones en rojo y Let Love In tatuado en su pecho. ¿Por qué poner el Let Love In para empezar una columna llamada maldigo lo perfumoso?

Bueno. No me interesa hablarles de toda la época berliniana de Cave porque para eso existe Wikipedia pero en Berlín saca sus primeros cuatro discos y entre medio se separa de Anita Lane y empieza a escribir su primera novela, y deja Berlín y se muda a Sao Paulo y entre el 90 y el 91 graba The Good Son y nace Luke, el hijo que tuvo con Viviane Carneiroque y aún ni llegamos a hablar del Let Love In.

Saca el Henry´s Dream en el 92 y se va de Brasil y se muda a Londres y se la pasa todo el 93 con la gira del Henry y en el 94 nace el Let Love In.

Hablemos de la importancia del Let Love In, descontando que mil años después las campanitas de «Red right hand» se hicieron famosas por Peaky Blinders. Lo primero que podemos decir de esta nueva dirección que toman las obsesiones de Cave, es que no es casual que el disco parta preguntando en la canción uno «Do you love me?» y termine en la 10 con la misma pregunta. Let Love In parte en la 1 con “Do you love me?” y el final del disco termina con «Do you love me?» part 2. Es como pensar que George Michael cuando le llamó al Listen without prejudice vol 1, sabía que no habría un vol 2.

Si Lacan decía que una carta ya llegó a destino al ser escrita, o que toda verdadera pregunta debe contener en sí misma el hecho de no ser respondida, el Let Love In es esa pelea entre Eros y Thánatos y Sisifo haciendo de cupido. Si alguna vez Jarvis Cocker deletreó el «Feeling called love» para hablar de “eso” llamado amor es porque deletrear es demostrar el límite de la metáfora y lo real de la letra. De la misma forma, Nick Cave deletrea «Loverman».

L is for LOVE baby

O is for ONLY you that I do

V is for loving VIRTUALLY everything you are

E is for loving almost EVERYTHING that you do

R is for RAPE me

M is for MURDER me

A is for ANSWERING all of my pryers

N is…

«A is for answering» dice Nick Cave mientras se reinventa a sí mismo, se calza la sotana de crooner y le pregunta a los astros, a los sabios, a los libros sagrados y a los analistas lo que tampoco respondió Carver: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

The last waltz

En el día de su muerte escrito en La Extravaganza

La muerte ataca de nuevo a los que mejor la han tratado, a los que han podido acercarla al amor, a la incomprensión y a lo que no puede ser dicho más que pagándolo con el cuerpo.

Un amigo me llamó hoy pidiéndome que escribiera sobre Elliott Smith pensando que la muerte era una buena razón. Estoy de acuerdo con esto en algunos casos, pero yo no sabía el dato de que ese señor de las tinieblas se encontró finalmente con ellas, escribiendo por fin ese punto final que siempre le causó dificultades.

Eso incompleto en sus canciones intentando explicar la razón de sus preguntas, preguntas que sin embargo no sirvieron para empapelar lo que quedaba más allá de la música que dejó.

Es así como nuevamente tenemos que inventar esa despedida más fuerte que cualquier otra, ya que no hay nadie de quien despedirse. Sólo nos quedan esas enormes canciones que incluso lograron que Robin Williams pasara desapercibido en Good Will Hunting y que esos amores incompletos tuvieran por fin la banda sonora que merecían.

Es la segunda vez que escribo con una rabia inmensa, no crean que es porque me gusten los muertos, sino más bien porque me encantaría que murieran otros y no los que me habitan, ya que siempre se llevan algo de mí y de lo que yo era con ellos. Metáfora tal vez que vuelve eso de la media naranja en una excusa recitada por nuestro egoísmo en ese más allá de lo que quisiéramos decir.

La lista en mi cabeza podría ser interminable y absolutamente ridícula pero no cambiaría nada ni le sacaría el filo al cuchillo de esa psicosis, que de una vez por todas, ha transformado la tranquilidad de la ficción de esa ducha fascinante de norman bates en la realidad más insoportable. Una realidad, que probablemente me haga mirar dos veces el próximo cuchillo con el que trataré de cocinar, lo que ojalá no termine cocinándome a mí.

Sólo puedo decir que esas piedras para afilar que nunca supe manejar muy bien ahora han pasado de la ignorancia al terror del recuerdo.
Si es cierto eso de que la muerte se aparece de negro con una hoz o juega ajedrez como en el séptimo sello, quiere decir que es miope, disléxica o realmente malvada.

No me gusta la rabia, ni que me inunde el sentido común, porque quiere decir que me está costando demasiado hablar por mí y busco el refugio de palabras que comienzan a oler a diccionario, a profesor Banderas, a manual de carreño o a que la Teletón no puede ser sino “buena onda”.

Todas esas cosas que terminan dirigiéndose a mí, tratando de ocultar cuál es la verdadera razón del dolor en mis palabras. Ese momento en que aparece el fantasma de Jeff Buckley cubriendo todo de un manto de injusticia. De esas cosas terribles que suceden todos los días en el mundo y que esquivamos con amigos, mujeres, alcohol o canciones.

Mueren los que no pueden más, no los que cagan el mundo. Mueren muchas veces los más lúcidos. Mueren los honestos. Mueren los complicados, ya que los demás toman pastillas para la depresión y encima les sirven o creen que el extasis viene en forma de pastilla.

Mueren los que nos hacen morir un poco. Mueren dejándonos la culpa de que tal vez debiéramos haber sido nosotros. Mueren los que se han encontrado con sus palabras convirtiéndolas en un cañon en la sien o en cualquiera de sus metáforas que han dejado de serlo en el momento de morir y ya no podremos preguntar si eso que se dijo es minímamente lo que pensábamos, dejándonos realmente solos.

Muriendo para o por nosotros, a veces en la honestidad de no seguir mintiendo. Muriendo como el espejo que nos dice que seguimos vivos, enfrentándonos a una pregunta o la madre de todas las preguntas que nunca podremos contestar.

Quiero creer que ese padre, hermano y amigo fue en su búsqueda. Que fue un ansioso y no un suicida. Que se le acabaron las palabras de este mundo y fue a buscar otras que lo salvaran del sacrificio de tener que dedicarlas o de saber a quién.

Quiero pensar que no lo pasó mal. Que estaba tranquilo. Que no sufrió más que al escribir sus canciones. Que no sabía que nos recordaría todas esas pequeñas y grandes muertes que no mueren con el día.

Me encantaría pensar que el equivocado es él y que los que quedamos, no nos equivocamos en seguir buscando respuestas donde otros ven negocios. La verdad es que intento decir algo que no sé si podré decir y que está volviendo inútil cada palabra que trate de explicar esta terrible pérdida gemela de todas las demás pérdidas.

Puede parecer exagerada mi dificultad, pero no me importa, porque esto es entre Elliott Smith y yo. Y si es que ahora estoy escribiendo, es porque me lo pidió un amigo y porque en este momento no tengo ganas de hablarle ni a mi perro ni a la pared, que ya debe estar cansada de tantas muertes y sólo quiera la tranquilidad de esa ceresita que la haga sentir minímamente renovada.

Me contento sólo con creer que ese hombre innombrable, murió tarareando su propia letra y se entretuvo creyéndose por fin a sí mismo lo que decía en Waltz 2 de la siguiente manera:

It’s okay, it´s allright, nothing wrong.
Tell Mr. Man with impossible plans to just leave me alone.
In the place where i make no mistakes,
When i have what it takes.

Ojalá que le esté resultando y que si llega a ver a mi abuelo le dé un gran abrazo de mi parte, ya que tampoco de él pude despedirme y hace que no llegue a poderle ver la cabeza a su recuerdo.

¿De qué hablamos cuando hablamos de discos?: Maldigo lo perfumoso

Por Pablo Rosenzvaig en Crónica Sonora.

Spread the love
more
Cuando pensé en escribir para Crónica Sonora una columna de música, lo primero que se me ocurrió fue agarrar un árbol genealógico y dejarlo sin agua, mirarlo de afuera y verlo disecarse y que se pareciera a esos mapas antiguos con manchas de café desde el bisabuelo hasta ese pelotudo anti aborto que existe siempre en una familia y habla de los que aún no nacen.

Mi idea era empezar con Nick Cave y llegué a escribir de casi todos sus discos, desde Boys Next Door a los Birthday Party a los Bad Seeds y todo cambió cuando llegué al Let Love In, cambié de opinión.

Hacer una columna que se trate de discografías completas es algo que me parece muy necesario pero es algo que hoy no me interesa. Obvio que es bacán leer a esa gente obsesiva que te escriba de todo y de todo y de absolutamente todo y aunque algunos crean que la adultez se trata de escribir cada vez más o que dejar de reincidir, es como jugar mejor al scrabble, hoy partiremos con una nueva columna. Esto para mí es respeto, para otros se llama narcisismo.

Suele suceder en demasiada gente esa cosa rara de que tratar de explicar cómo chucha llegaste a algo, es una especie de sinónimo del narcisismo. Y yo ya estoy tan pero tan cansado de explicar estupideces que me pondré a escribir de nuevo. Esta columna se va a tratar de discos que para mí, han cortado en 2 pedazos la historia de una banda o mejor dicho, que han reescrito la historia de una banda. Vamos a partir con el Let love In.

Nick mirando al cielo, 2 pezones en rojo y Let Love In tatuado en su pecho. ¿Por qué poner el Let Love In para empezar una columna llamada maldigo lo perfumoso?

Bueno. No me interesa hablarles de toda la época berliniana de Cave porque para eso existe Wikipedia pero en Berlín saca sus primeros cuatro discos y entre medio se separa de Anita Lane y empieza a escribir su primera novela, y deja Berlín y se muda a Sao Paulo y entre el 90 y el 91 graba The Good Son y nace Luke, el hijo que tuvo con Viviane Carneiroque y aún ni llegamos a hablar del Let Love In.

Saca el Henry´s Dream en el 92 y se va de Brasil y se muda a Londres y se la pasa todo el 93 con la gira del Henry y en el 94 nace el Let Love In.

Hablemos de la importancia del Let Love In, descontando que mil años después las campanitas de «Red right hand» se hicieron famosas por Peaky Blinders. Lo primero que podemos decir de esta nueva dirección que toman las obsesiones de Cave, es que no es casual que el disco parta preguntando en la canción uno «Do you love me?» y termine en la 10 con la misma pregunta. Let Love In parte en la 1 con “Do you love me?” y el final del disco termina con «Do you love me?» part 2. Es como pensar que George Michael cuando le llamó al Listen without prejudice vol 1, sabía que no habría un vol 2.

Si Lacan decía que una carta ya llegó a destino al ser escrita, o que toda verdadera pregunta debe contener en sí misma el hecho de no ser respondida, el Let Love In es esa pelea entre Eros y Thánatos y Sisifo haciendo de cupido. Si alguna vez Jarvis Cocker deletreó el «Feeling called love» para hablar de “eso” llamado amor es porque deletrear es demostrar el límite de la metáfora y lo real de la letra. De la misma forma, Nick Cave deletrea «Loverman».

L is for LOVE baby

O is for ONLY you that I do

V is for loving VIRTUALLY everything you are

E is for loving almost EVERYTHING that you do

R is for RAPE me

M is for MURDER me

A is for ANSWERING all of my pryers

N is…

«A is for answering» dice Nick Cave mientras se reinventa a sí mismo, se calza la sotana de crooner y le pregunta a los astros, a los sabios, a los libros sagrados y a los analistas lo que tampoco respondió Carver: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?