Jem finer de los pogues pensó primero en un marinero de alta mar extrañando a su mujer en navidad y la esposa de Finer, le sugirió una especie de momento pimpinela de una pareja peleándose y terminando en esperanza.
Mcgowan tomó la música de la primera y la letra de la segunda y se la llevó a new york.
Pensó en que la voz de la mujer la hiciera la bajista de los pogues y como terminó casándose con Elvis costello se quedaron sin mina.
Lo interesante de esta versión es que terminó siendo cantada por Kirsty MacColl, esposa del productor y que en el 2000 termina muriendo en el mar en situaciones desconocidas.
Y ahora me parece interesante decir, que si algo nos dice un irlándes curado que ya no tiene casi dientes, es primero que vale callampa el diente que se le cayó o no a Raphael o que importe más los dientes del dandy más que lo que salga de su boca.
Segundo es que Chile por primera vez se da cuenta que sus inmigrantes son internos y para eso no hay nadie mejor que shane de los pogues para hablar de amor, pero también de despedidas.
Nada más tortuoso que ponerse a pensar en que los pobres siempre han sido un poco inmigrantes en su propio país pero no escuchan a los pogues porque prefieren que les hablen de problemas menos grandes como volver a reconquistar a su mina.
Pasará el terremoto en los medios, ahora llamado reconstrucción. Cansará la ayuda porque los pobres volverán a ser flojos del sur para arriba.
Pero los pogues siempre serán los pogues. Serán de esos capaces de hacer canciones que les alegren a los que se juntaron en otro país pero también de los que les siguen recordando a los que ya no están, a los que se fueron y no volvieron y a los que nunca llegaron, que la navidad perfecta existe sólo para unos pocos. Que la navidad perfecta es fome. Que la felicidad de 2 que se juntan a veces es más potente que un we are the world.
Esa es una de las enseñanzas de los pogues, ni la navidad es arbolito, ni la ayuda en tiempos en que es necesaria basta. Una de las gracias de los pogues es que han sabido hablar de los pobres y los borrachos y los inmigrantes con más alma que una teletón o el servicio social.
Historias como esas hay millones en chile. El tema es que alguien quiera contarlas.
Jem finer de los pogues pensó primero en un marinero de alta mar extrañando a su mujer en navidad y la esposa de Finer, le sugirió una especie de momento pimpinela de una pareja peleándose y terminando en esperanza.
Mcgowan tomó la música de la primera y la letra de la segunda y se la llevó a new york.
Pensó en que la voz de la mujer la hiciera la bajista de los pogues y como terminó casándose con Elvis costello se quedaron sin mina.
Lo interesante de esta versión es que terminó siendo cantada por Kirsty MacColl, esposa del productor y que en el 2000 termina muriendo en el mar en situaciones desconocidas.
Y ahora me parece interesante decir, que si algo nos dice un irlándes curado que ya no tiene casi dientes, es primero que vale callampa el diente que se le cayó o no a Raphael o que importe más los dientes del dandy más que lo que salga de su boca.
Segundo es que Chile por primera vez se da cuenta que sus inmigrantes son internos y para eso no hay nadie mejor que shane de los pogues para hablar de amor, pero también de despedidas.
Nada más tortuoso que ponerse a pensar en que los pobres siempre han sido un poco inmigrantes en su propio país pero no escuchan a los pogues porque prefieren que les hablen de problemas menos grandes como volver a reconquistar a su mina.
Pasará el terremoto en los medios, ahora llamado reconstrucción. Cansará la ayuda porque los pobres volverán a ser flojos del sur para arriba.
Pero los pogues siempre serán los pogues. Serán de esos capaces de hacer canciones que les alegren a los que se juntaron en otro país, pero también, de los que les siguen recordando a los que ya no están, a los que se fueron y no volvieron y a los que nunca llegaron, que la navidad perfecta existe sólo para unos pocos. Que la navidad perfecta es fome. Que la felicidad de 2 que se juntan a veces es más potente que un we are the world.
Esa es una de las enseñanzas de los pogues, ni la navidad es arbolito, ni la ayuda en tiempos en que es necesaria basta. Una de las gracias de los pogues es que han sabido hablar de los pobres y los borrachos y los inmigrantes con más alma que una teletón o el servicio social.
Historias como esas hay millones en chile. El tema es que alguien quiera contarlas.
Por Pablo Rosenzvaig en Crónica Sonora.
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Cuando pensé en escribir para Crónica Sonora una columna de música, lo primero que se me ocurrió fue agarrar un árbol genealógico y dejarlo sin agua, mirarlo de afuera y verlo disecarse y que se pareciera a esos mapas antiguos con manchas de café desde el bisabuelo hasta ese pelotudo anti aborto que existe siempre en una familia y habla de los que aún no nacen.
Mi idea era empezar con Nick Cave y llegué a escribir de casi todos sus discos, desde Boys Next Door a los Birthday Party a los Bad Seeds y todo cambió cuando llegué al Let Love In, cambié de opinión.
Hacer una columna que se trate de discografías completas es algo que me parece muy necesario pero es algo que hoy no me interesa. Obvio que es bacán leer a esa gente obsesiva que te escriba de todo y de todo y de absolutamente todo y aunque algunos crean que la adultez se trata de escribir cada vez más o que dejar de reincidir, es como jugar mejor al scrabble, hoy partiremos con una nueva columna. Esto para mí es respeto, para otros se llama narcisismo.
Suele suceder en demasiada gente esa cosa rara de que tratar de explicar cómo chucha llegaste a algo, es una especie de sinónimo del narcisismo. Y yo ya estoy tan pero tan cansado de explicar estupideces que me pondré a escribir de nuevo. Esta columna se va a tratar de discos que para mí, han cortado en 2 pedazos la historia de una banda o mejor dicho, que han reescrito la historia de una banda. Vamos a partir con el Let love In.
Nick mirando al cielo, 2 pezones en rojo y Let Love In tatuado en su pecho. ¿Por qué poner el Let Love In para empezar una columna llamada maldigo lo perfumoso?
Bueno. No me interesa hablarles de toda la época berliniana de Cave porque para eso existe Wikipedia pero en Berlín saca sus primeros cuatro discos y entre medio se separa de Anita Lane y empieza a escribir su primera novela, y deja Berlín y se muda a Sao Paulo y entre el 90 y el 91 graba The Good Son y nace Luke, el hijo que tuvo con Viviane Carneiroque y aún ni llegamos a hablar del Let Love In.
Saca el Henry´s Dream en el 92 y se va de Brasil y se muda a Londres y se la pasa todo el 93 con la gira del Henry y en el 94 nace el Let Love In.
Hablemos de la importancia del Let Love In, descontando que mil años después las campanitas de «Red right hand» se hicieron famosas por Peaky Blinders. Lo primero que podemos decir de esta nueva dirección que toman las obsesiones de Cave, es que no es casual que el disco parta preguntando en la canción uno «Do you love me?» y termine en la 10 con la misma pregunta. Let Love In parte en la 1 con “Do you love me?” y el final del disco termina con «Do you love me?» part 2. Es como pensar que George Michael cuando le llamó al Listen without prejudice vol 1, sabía que no habría un vol 2.
Si Lacan decía que una carta ya llegó a destino al ser escrita, o que toda verdadera pregunta debe contener en sí misma el hecho de no ser respondida, el Let Love In es esa pelea entre Eros y Thánatos y Sisifo haciendo de cupido. Si alguna vez Jarvis Cocker deletreó el «Feeling called love» para hablar de “eso” llamado amor es porque deletrear es demostrar el límite de la metáfora y lo real de la letra. De la misma forma, Nick Cave deletrea «Loverman».
L is for LOVE baby
O is for ONLY you that I do
V is for loving VIRTUALLY everything you are
E is for loving almost EVERYTHING that you do
R is for RAPE me
M is for MURDER me
A is for ANSWERING all of my pryers
N is…
«A is for answering» dice Nick Cave mientras se reinventa a sí mismo, se calza la sotana de crooner y le pregunta a los astros, a los sabios, a los libros sagrados y a los analistas lo que tampoco respondió Carver: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?