The measure of my dreams

Por Soleá Morente

19. 12. 2023

Estoy en la estación de tren de Barcelona Sants, son las 12 de la mañana, es día 1 de diciembre de 2023. Apenas he dormido por el exceso de emociones vividas en el concierto de anoche, y por una otitis. La estación está a reventar. Después de esperar una cola infinita, por fin he llegado al vagón y a mi asiento. Deposito la maleta y me acomodo. Reposo la cabeza y antes de que arranquemos me doy cuenta de que estoy sintiendo en mi nuca los latidos del corazón. En el oído tengo un zumbido que, aunque ya está mucho mejor, me sigue molestando. El tren comienza su marcha y todo empieza a fluir. Miro el móvil, chequeo los stories de personas que vinieron al concierto de la Apolo y aún no me creo lo que ocurrió. He amanecido completamente enamorada del público que nos acogió ayer en Barcelona y al mismo tiempo con una resaca emocional muy fuerte. Ha sido como un hechizo.

Recibo un mensaje de mi amigo Sergio Delgado, mi compañero en el programa que hacemos los sábados en Radio 3. Me dice que ha muerto Shane MacGowan, de los Pogues. Me pongo los cascos, busco el disco “Hell’s Ditch” (reedición de 2004). Empiezo a escuchar compulsivamente diferentes canciones que me atrapan, me atraen por su ritmo alegre, sus deliciosos arreglos de guitarras… Su sonido característico me hace cerrar los ojos y viajar a un lugar totalmente desconocido para mí. Pienso que me encantaría conocer Irlanda. De momento, lo haré a través de estas canciones. Hace un día precioso y me siento tranquila y contenta de estar en este tren a esta hora volviendo a casa después de haber vivido ayer en el escenario un torbellino de emociones que me ha agitado, despertado, sacudido y removido –para bien– por todos lados. Ha sido uno de los conciertos más importantes en lo que llevo de carrera y, además, sigo escuchando a los Pogues, que hacen que sienta una absoluta liberación.

Escucho dos veces seguidas “Summer In Siam”. Una tercera vez y entra en mí como una flecha directa al corazón. Descubro una versión de esta canción con Nick Cave, que no conocía, y también me encanta. La añado a mi lista “melodías”, una playlist que tengo con canciones que voy descubriendo o redescubriendo, coleccionando, y a la que acudo cuando tengo algo que decir, pero no sé cómo sacarlo o cantarlo. Suelen ser melodías que me han llamado la atención a la primera y suelen estimular la inspiración. En este disco de los Pogues hay otras canciones también muy buenas, pero he de ser sincera y decir que algunas van demasiado rápido para mí y prefiero detenerme en las que llevan un ritmo un pelín más calmado, porque hoy necesito algo que acompañe este estado confuso en el que me encuentro, entre la euforia, la exaltación, la melancolía y el desconcierto.

Sigo escuchando y llego a la canción “A Rainy Night In Soho”. Me vuelve a sacar del remolino de emociones que hay en mi mente y en mi estómago, contra el que no lucho. Me relajo, subo el volumen a tope. Esta canción es más melancólica. Shane está diciendo cosas preciosas. No la conocía y la añado también a mi playlist. Observo la luz. Ahí fuera todo brilla, el campo está precioso, en el cielo las nubes tienen muy claro hacia dónde van. Me contagian su alegría y su determinación y decido unirme a su ritmo y al de esta preciosa canción que dice así: “The ginger lady by my bed / covered in a cloak of silence / I’d hear you talking in my head / I’m not singing for the future / I’m not dreaming of the past / I’m not talking of the first times / I never think about the last / Now the song is nearly over / We may never find out what it means / Still there’s a light I hold before me / You’re the measure of my dreams / The measure of my dreams”.

De repente escuchar una buena canción puede cambiar tu rumbo, puede encender la chispa, alumbrar el camino en la noche, ayudarte a encontrar la salida en la espiral. Tengo ganas de seguir aprendiendo a hacer canciones. Ahora más que nunca reconozco que lo que siento por mi oficio es lo que dice el estribillo de esta hermosa canción que siempre guardaré. La música es la medida de mis sueños.

Quiero llegar a casa, coger la guitarra y contarle esto que me está pasando. Gracias eternamente, Shane MacGowan. ∎

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6Carolina Mora, Ignacio Ramos Rodillo y 4 personas más

El terror después del terror

“La muerte de Diego fue como la muerte de muchas cosas: la muerte de un fútbol que no existe, la muerte de personajes que ya no existen más”. Santiago Motorizado

«This old boy just killed a motorcycle cop» Alex Murphy en robocop

Si uno quisiera entender bien el trayecto de Él Mató a un Policía Motorizado, el primer error a evitar sería desentenderse del hecho de que vivieron, ensayaron y surgieron en la ciudad de la Plata, esa en donde no es casual que salgan año tras año bandas que ven la realidad un poco en diagonal, como si estuvieran homenajeando a D10S, cuando antes de que le llegara la pelota, ya se había trazado en su cabeza todo el mapa  y el territorio de la cancha para saber cómo pensar la diagonal.  

La Plata es una ciudad misteriosa. Fue fundada en 1882 por el gobernador Dardo Rocha, que le encargó el diseño al ingeniero y urbanista Pedro Benoit (argentino de origen francés), quienes mi abuelo decía eran masones y que por eso había tantas diagonales. Según él, en el plano de la ciudad querían camuflar el símbolo de la escuadra y el compás. 

Ya el nombre de la banda está como nacido de la distopía robocopiana de una ciudad que en vez tener calles rectas y con nombres de próceres, lleva números. En la Plata, Rodolfo Walsh escribió Operación Masacre en la calle 54 número 418.

Santiago Ariel Barrionuevo nació cerquita de ahí, en el Barrio Jardín, y entró a estudiar plástica en el Bachillerato de las Artes mientras armaba lo que terminaría siendo Él Mató. Sigue viviendo en La Plata y es de Gimnasia y Esgrima de la plata, uno de los clubes más históricos de Argentina -y adivinen, es el equipo con menos títulos de todos los grandes-. Si nos pusiéramos freudianamente pelotudos podríamos escribir veinte papers acerca de sus letras, a esa cosa obsesiva de buscarle sentido a la pérdida y de que el amor es aguantarte siempre en la derrota, como si reescribieran todo el tiempo la mano de, Dios pero con Diego sacando la Excálibur de la piedra.

El segundo error a evitar sería pensar que, por haberse vuelto tal vez más simples o más directos en las letras y usar muchas más bases y efectos, “se vendieron” o que ya agotaron el agua del pozo y quieren sacar las últimas gotas antes de que se seque. 

Súper Terror para mí es por lejos el disco más ambicioso que han hecho. Siempre me ha caído bien el gordo. Cuando le decían que era el pionero de la movida indie de La Plata contestaba cosas como “andá a escuchar a Chinarro y a los perdedores pop, perdedor”. Cuando le decían que era un maquiavélico y un vendido, se le entendía en algunos recitales menos que a J cuando cantaba el “Super 8”, sólo para romper las pelotas.

Cuando lo bardearon porque hacía sólo cantos de hinchada, se puso a meter guitarras espaciales. Así dispersó los espacios de las notas, se mandó una canción llamada “Universo” que deja a Frusciante grabando el Niandra, haciendo coros con los veladores del psiquiátrico, como el innombrable de “Color Esperanza”. 

(Prometo hacer una segunda parte analizando letra a letra) Pero lo importante en Super Terror es que si bien ellos siempre han resignificado sus discos anteriores, como si fueran los trajes de David Bowie, hay que aclarar un poco esto: por ejemplo, cuando vinieron a tocar al Cellar trajeron para vender el CD homónimo de Él Mató, y si hacemos un resumen de los títulos de las canciones y de las letras (prometo también que haré un análisis mucho más obsesivo) podemos empezar a entender las mutaciones de las preguntas y las funciones de las palabras en la banda. 

No quiero ponerme a analizar todo, pero haré el ejemplo con las primeras 3. (Nota editor, afanando mal a Pavement)

Sábado 

“Sábadooooooo en mi camaaaaaaaaaaaaa y si te invito a dormir: Me dirás que no me dirás que nooooooo”

Después de esta frustración ya que la chica le dirá a todo que no, viene una guitarra furiosa, rápida, sonicyouthera pero con Kim en el hospital tocando con oxígeno. 

Tormenta roja 

Otra canción donde elle partenaire no lo pesca y el guatón trata de llorar con la guitarra. Pero los indies no lloran así, que acá la tormenta está derechamente metaforizada para una pareja. Esto cambiará seriamente después.

Nuestro verano 

“Nuestro día no termina, nuestro día no termina, es nuestro díaaaaaaaaaa, es nuestro verano” 

Bueno, aunque hubiera sido lindo pasar por todos los discos me saltaré al último EP que sacan antes de que salga el que para tode el universo es el disco uno y medio (para los que no me entiendan quiero decir que el primero no es como el de yo que sé, The la´s, Nirvana, tindersticks, san martín vampire, dios). 

Este EP (2008) tiene una de mis canciones favoritas, “El día del huracán”. Y acá, tanto las tormentas, los huracanes, los veranos, las perdidas ya empiezan a asumirse no sólo como inevitables, sino que el amor en sí termina siendo esa complicidad de ver el desastre descifrados por ciertos códigos que te hacen un poco humano, cuando sabes que ese huracán no sólo es el de la naturaleza. Otra cosa linda: canta la letra de “Esperando el Armagedón vos y yo” como si estuviera viendo un partido de fútbol, o siendo espectador, porque el devenir de las cosas ya no puede ser cambiado y se transforma en un simulacro. O sea que el bueno de Debord, leído por Sharly https://www.youtube.com/watch?v=292-UMSvGN4 y el hermoso de Rafael Berrio https://www.youtube.com/watch?v=s1zRtjZi1Bk , son un poco los padres de ese que en la canción que viene ya no espera huracanes, sino que dice “tuve miedo, ya se fue. Ahora estoy arriba de mi casa con un rifleeeeeeeeeeeeeeeeee”. Santiago motorizado de a poco va entendiendo que el mundo no se construye de intenciones sino de actos, casi todos fallidos, mientras espera el Armagedón al estilo Morrissey en Every Day is like Sunday

Armageddon, come Armageddon

Come, Armageddon, come

Everyday is like Sunday

Everyday is silent and grey

Santiago reconstruye esta canción en versión George Romero: 

Esperando el Armagedón vos y yo 

Viajando por el cielo azul

Cielo azul

Esperando el Armagedón, oh

Vos y yo

Contando los que morirán, ah-ah

Que conocemos

Tu pelo rubio flota en, en

El viento

Del huracán

Que todo lo destruirá

Esta noche el huracán

Todo lo destruirá

Esta noche

Viajando por el cielo azul

Cielo azul

Esperando el Armagedón, oh

Vos y yo

Contando los que morirán, ah-ah

Que conocemos

Tu pelo rubio flota en, en

El viento

Del huracán

Que todo lo destruirá

Esta noche el huracán

Todo lo destruirá

Esta noche

el Huracán

Que todo lo destruirá

Esta noche el huracán

Todo lo destruirá

Esta noche

Desde esa maravilla llamada Día de los Muertos al álbum La Dinastía Scorpio pasan cinco años, y la que vuelve es en realidad otra banda. Más lenta, con más preguntas que respuestas, con el comienzo de Santiago narrando más cuando es necesario. Me van a venir a matar, pero acá ya empieza algo que podría llamarlo Haikú vs Chandler. Es como si a Santiago ya le empezaran a gustar las cosas con suspenso, los punto aparte y no cambiar de canción para seguir escribiendo. 

Otra cosa importante que marca este disco es que ya empiezan a usar las influencias que les resulten necesarias. Si el primer disco y los primeros EPS eran palabras acomodándose a una música, todo sonaba un poco parecido. 

Si Scorpio y La Síntesis O´konor siguen manteniendo ese pulso indie a lo Strokes o a lo Sonic Youth -medio ramonero-, y en las letras se sigue notando alguna esperanza del estilo “voy a cuidarte siempre en la derrota”, Super Terror en cambio parte con un pulso samplero con que es imposible no pensar en Kate Bush. Y de ahí se va petshopboyseando en el resto de la canción una letra terriblemente triste, en donde ya asume que todo lo que antes brindaba seguridad -para cuidar al otro en la derrota- ya no está. Si fantaseamos con Hannah Arendt, se podría estar coreando estrofas de “la banalidad del mal”. Super Terror parte con un temazo, tal vez sea una de las mejores canciones que han hecho. 

Se llama “Un segundo plan”:

Después de tanto caminar

Y ver los días de oro pasar

Es tiempo de un segundo plan

Después de construir un altar

Bajo la noche de un verano frío

Es tiempo de un segundo plan

Quiero saber a dónde ir

Quiero saber a quién seguir

Todo lo que me importa no existe más

Quiero saber por quién morir

Rompiendo todo a mi al rededor

Mirando como todo se termina

Es tiempo de un segundo plan

Después de conducir sin parar

Sobre el volante mis manos heridas

Es tiempo de un segundo lugar

Quiero saber a dónde ir

Quiero saber a quién seguir

Todo lo que me importa no existe más

Quiero saber por quién morir

Necesito regalarte todo

Ver que algo se revela siempre al final

Un escudo de metal te protege a vos

A vos

Tu reflejo que emerge gigante

Voy a adorar

Quiero saber a dónde ir

Quiero saber a quién seguir

Todo lo que me importa no existe más

Quiero saber por quién morir

Super Terror es un disco que al mismo tiempo que oculta preguntas y guarda secretos, tiene una cosa muy obsesiva en usar todo lo que han ido construyendo, para sacar de la galera cada referencia que sirva para darle a las canciones silencio, textura, ruido -y homenajes a Talk Talk, cuando es necesario-. Si hay que meter a New Order o a Tears for Fears al servicio de la canción, no lo dudan un instante.

“La idea fue armar un relato con todas las formas de los álbumes con los que crecimos y con los que hemos hecho”, decía la otra vez en una entrevista a un medio argentino. 

Igual no es raro esto, ya en “Chica de Oro”, canción emblema de La Dinastía Scorpio, Santiago te armaba una canción universal de amor pensando en Volver al Futuro, como si Marty McFly le cantara a su novia https://www.youtube.com/watch?v=VLKDKWCWVXc asegurándole que todo lo que quería algún día sería de ella, prometiendo un mejor futuro. “Cuando juntes fuerzas las cosas van a estar mucho mejor” y “ya no quiero viajar y viajar, esta noche quiero que duermas conmigo”. Como una carta de amor a los problemas que se superan en las parejas jóvenes. La tapa del single está basada en la camioneta 4×4 del bullista de turno.  

Lo más hermoso de las canciones de los Él Mató, versión 2023, es que las dudas o las preguntas definitivamente ya no tienen certezas. Pero esta vez, el disfraz musical las hace realmente épicas sin que tengan que hablar de lo épico. Jaque mate. 

Lacan (no exactamente así, pero bue) decía que toda verdadera pregunta es esa que lleva el destino de la no respuesta. Maturana hablaba de ver al otro como un verdadero otro. Dargelos decía que la pregunta es quién está dispuesto a morir o quién está dispuesto a matar.

Preguntar es disparar al aire, dispararse a los pies, apuntar, errar. Preguntar es preguntarse por quién es ese él que mató al policía, tarareando de fondo, a José Luis Perales.

Pensando solo en vos

Y un día que nunca existió

Cambiaste todo lo mejor

Por nada

Pensando solo en vos

Con mi medalla de la suerte

Creo haber visto el resplandor

En tu cara

Voy a disparar al aire

Alguien más la va a pasar muy mal

Voy a disparar al aire

Oh-oh-oh

Pensando solo en vos

Voy a intentarlo por los dos

Tu mano abierta frente a mí

Sin nada

Afuera escucho tu voz

Son los fantasmas de lo nuevo

Me gusta como te burlas

En sus caras

Voy a disparar al aire

Alguien más la va a pasar muy mal

Voy a disparar al aire

Oh-oh-oh

Voy a disparar al aire

Alguien más la va a pasar muy mal

Voy a disparar al aire

Oh-oh-oh

Voy a disparar al aire

Alguien más la va a pasar muy mal

Voy a disparar al aire

Oh-oh-oh

Voy a disparar al aire

Alguien más la va a pasar muy mal

Voy a disparar al aire

Oh-oh-oh

Los discos de la vida de Ricardo Martínez

Soy un sencillo espectador
(una declaración de amor a “Luna” de Gianni Togni)

Había algo mortecino, melancólico y triste –como solo podían ser
tristes las tardes de lluvia invernal en la infancia– en todas esas
canciones AM que sonaban en la radio de la cocina. Desde Francis
Cabrel a José Luis Perales, pasando por Sergio y Estíbaliz y Ricos y
Pobres. Todas esas canciones te atrapaban en un vórtice de soledad y
compañía, una tras otra en los sones de la Cooperativa, en “El Correo
de los Enamorados”, en ese eco silente del avance de los años. Por eso
uno se dedicó tanto a recordar y recopilar esas canciones cuando
llegaron los casetes: grabadas de la radio, pidiendo a las dos de la
mañana en una llamada telefónica al DJ nocturno que pusiera ese tema
olvidado de La Industria Nacional a esa hora en que ya nadie llamaba a
la radio, y luego en los MP3 iniciales de fines de los años noventa. A
veces, solo a veces, uno se iba a la chucha cuando sonaba, ya entrados
veinte o treinta años desde aquella infancia, alguno de los temas de
esa banda sonora de la vida. Y había algunas, solo algunas canciones
que eran simplemente como la vida misma “Luna” de Gianni Togni es la
mayor de ellas.

¿Qué había en esos versos que uno sentía que este tema, más que todos
los demás, por sobre todos los demás, era el tema de uno, el tema de
Ricardo? ¿Acaso eran esas frases: “soy un sencillo espectador desde un
rincón / mi mundo está en un autobús que se marchó”? ¿Acaso era la
combinación demasiado moderna para la balada romántica italiana de las
percusiones y el piano? ¿Acaso era ese secreto que compartía el
personaje de la canción y yo: “tengo mil libros en la cama que no leí,
y dos mil discos por la casa que nunca oí”? ¿Acaso era porque era el
único tema en que no se regalaba la luna, sino que se dedicaba a la
luna?

Recuerdo haber buscado infructuosamente por décadas el nombre del
cantante, y luego que una tarde de 1992 lo supe porque en una radio
tocaron la canción y volví a llamar al DJ y le pregunté: “Gianni Togni
se llama”. Recuerdo como si fuera hoy esa madrugada de sábado a
inicios de 1999 en que metido en Napster encontré la versión en
castellano y haberme puesto contento (aunque el tema demoraría cuatro
horas en descargarse a 3,4 kbps en un “Plan Vampiro”) y luego haber
chateado con el único tipo que lo tenía y del que estaba descargando
la copia que me dijo: “este tema es inencontrable, yo lo mandé a
grabar en una de esas tiendas en que graban casetes de Providencia con
Suecia”. Y luego el tipo me baneó y nunca pude volver a pillarlo por
la red del gatito y los audífonos.

Entonces en 2002 le pedí a Carlos Costas que me lo grabaran en la
radio. Fue demasiado emocionante, a eso de las diez de la noche Carlos
me llamó y me dijo que me tenían el CD con las canciones (que era esta
y “Volver a Vivir” de Michel Sardou) y fui a la Cooperativa que
entonces todavía quedaba en Antonio Bellet 223. Y haber rayado el CD
de tanto escucharlo y de pasarlo a MP3 con esos sistemas
prehistóricos.

Desde entonces al menos una vez a la semana me siento en mi cama,
conecto el MP3 (que primero fue un NAPA de CD, luego un COWON de disco
duro, luego un Blackberry con 8Gb de memoria y hoy un Galaxy con una
memoria de 32Gb), me pongo los audífonos y trato de descifrar el
significado de:

“Soy un sencillo espectador desde un rincón
y si estoy triste me disfrazo como Pierrot
por los tejados voy gritando al viento
y me he pegado con mi Dios, enfadado”

o

“Soy la mayor contradicción, y qué más da
adoro la complicación, para eso está
yo nunca siento la cabeza
no, en mayo verás que me casarán, luna
y no me digas que ya es hora y que vuelves a casa
es pronto, y mira que la aurora a veces se atrasa
alárgame esta noche corta
si nos ven qué nos importa, luna”.

Y luego, tantas, muchas veces, me dedico a buscar más info sobre el
tema. Y vuelvo a descubrir tantas, muchas veces, que este tema fue un
exitazo casi sin comparación en Italia en 1980 que vendió un millón de
copias. Sí y que Togni haría al menos otra canción que le haría famoso
–aunque indirectamente– en Latinoamérica, “Per noi innamorati” (1983)
que a este lado del charco versionó Ricardo Montaner como “Tan
enamorados” (“quizás te puedas preguntar qué le hace falta a esta
noche blanca”). Y hace unas semanas buscando los otros temas de Gianni
Togni, el más olvidado de los “giannis” italianos (al lado de Gianni
Morandi o Gianni Bella o Gianni Nazzaro) di en Spotify con que al
menos tiene tres o cuatro otras canciones excepcionales, como “Giulia”
o “Semplice”. Pero bueno, es esta y solo esta –“Luna”– la que destroza
a un nivel mayor mi corazón (“creyendo solo en las estrellas bebes
zumo de grosellas”). Y que, era que no, que la letra en castellano es
de (está casi de más decirlo) San Luis Gómez Escolar.

Hay ocasiones en que las canciones son más que canciones. Te puede
pasar con The Beatles o con Rush, con el metal o el jazz. A mí me pasa
eso con esta canción, una canción que ahora que lo pienso/siento bien
es el eslabón perdido entre la balada romántica italiana de los
setentas y la balada pop que vendría a fines de los ochenta y
principios de los noventa con Eros Ramazzotti y Laura Pausini, el
ahora llamado “spaghetti pop”. “Luna” salió a la calle cuando todo era
un páramo, cuando el pop y la balada eran géneros dispares y
enemistados. Tomando lo mejor de las “lyrics” de los setentas
actualizadas a un mundo que estaba cambiando, con una orquestación que
dejaba un poco atrás los intentos de mezclar el “ensemble rock” con
las orquestas de crooners, Gianni Togni confeccionó, facturó, un tema
inolvidable que seguirá rotando en mi mente y en mis parlantes por
toda la vida.

Háganse un favor: escúchenla.