La primera vez que se interpretó Strange fruit fue en sótano de mala muerte donde nadie aplaudió y según cuenta Billie Holiday en su autobiografía Lady sing the blues, casi nunca podía terminar de cantarla y solía desaparecer del escenario a hacer algo que casi convirtió en un rito: Vomitar mientras lloraba a mares en el baño.

Esa letra que da origen a la canción fue escrita por Abel Meeropol y publicada en el periódico del sindicato de profesores de Nueva York bajo el seudónimo de Lewis Allan (seudónimo tomado en homenaje a Lewis Thornton Powell, un ciudadano estadounidense que intentó asesinar a William Seward, secretario de estado de EEUU en el 14 de abril de 1865 y ejecutado en la horca el 7 de Julio de 1865)

Acá no termina la historia de Abel, ese profesor del Bronx que aparte de ser blanco, judío y comunista, había adoptado a los hijos de Ethel y Julius Rosenberg, después de ser acusados de espionaje y condenados a la silla eléctrica. 

El primer título que tuvo el poema fue bitter fruit, luego lo cambió por strange, probablemente para describir de manera más ominosa la fotografía en la que se basó para escribir el poema. 

Las frutas extrañas, eran los cuerpos negros de Thomas Shipp y Abram Smith, colgando de un árbol en Marion, Indiana, en agosto de 1930.

El 20 de abril de 1939 a los 24 años, Billie se mete a un estudio para grabarla. Imagínense que la canción dura tres minutos y deja pasar 2 para recién empezar a cantar. La sesión de grabación duró cuatro horas. 

A todos los que se han enfrentado a cantarla se les quiebra la voz, desde Schepp, a Nina, a Buckley. 

“De los árboles del sur cuelga una fruta extraña. / Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. / Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. / Extraña fruta cuelga de los álamos./Escena pastoral del valiente sur. / Los ojos saltones y la boca retorcida. / Aroma de las magnolias, dulce y fresco. / Y el repentino olor a carne quemada. Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. / Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, para que el sol la pudra, para que los árboles lo dejen caer./ Esta es una extraña y amarga cosecha”.