Por Pablo Rosenzvaig en Disorder Magazine.

En el caso de Perrosky, ese lugar común del menos es más, no fue nunca un tema de posibilidades que no tenían, sino más bien de elecciones. Se acercaron al blues y al country no por algo taquilla sino porque tal vez fue la mejor manera que tenían de acercarse a lo que querían decir.

No sólo decidieron alguna vez ser un dúo entre tanto cuarteto copión, sino que tampoco tuvieron que explicar que no nacieron ni en Memphis ni en Manchester. Lograron convencer a Jon Spencer para que les produjera “Tostado” y aunque no sepamos las razones más privadas u objetivas, sí podemos saber que lo que Spencer hacía allá y los hermanos Gómez hacían acá, tenía demasiado de empatía.

Arriesguemos una primera teoría aunque sea insuficiente.

Uno de los mejores revivalistas del blues, que logró mostrarle a las generaciones grunge que el rock no era sólo una cosa nacida en Seattle, fue Jon Spencer. «Orange», del año 94’ editado por matador, fue algo parecido a lo que habían hecho los cramps antes que ellos hicieran lo mismo con el rock de Elvis.

Incluso puedes escuchar “Can´t speak” de Danzig y escuchar a Elvis.

La diferencia entre el revival eterno del 80% de los grupos que surgen en chilito y Perrosky, es bastante simple. Perrosky se fue por el lado más difícil que es el que a veces tiene armónica o suena country o suena pasado de moda.

Si viviéramos eternamente en un mall, podríamos pensar que esas guitarras bluseras o esos coros medio stray cats, están pasados de moda, pero si vivimos en un mundo real, podemos escuchar en “Tostado” una honestidad que casi ya no existe.

La honestidad de decir cosas urgentes que no sólo no suenan en el ritmo de moda sino que implican el riesgo de decirlas en el ritmo que quieras.

Este disco de Perrosky tiene muchas cosas a destacar. La primera es que este ha sido un año donde lo mejor de lo chileno se ha ido para el lado del pop. Gepe, Javiera Mena, Dënver y etc. Leo Quinteros sigue siendo un tipo poco entendido y no he leído mucho hasta ahora de Perrosky. El resto del rock me parece una lata.

Llevo siete escuchadas de “Tostado” y me parece que Perrosky ha logrado hacer de la cueca el blues que no conocíamos. Jon Spencer bluseó un rock que andaba medio muerto y Perrosky creo que vale más que miles de tríos o cuartetos que se producen demasiado porque tienen poco que decir.

Perrosky siguen sonando rockeros, en ese lugar donde el rock es inclasificable y si no me entiendes escucha “Sigo esperando” a ver qué te parece.

En el fondo, los hermanos Gómez se despachan el penúltimo tema del disco cantando un himno de esos que lo dicen todo. Suena a viejo pero dice cosas demasiado nuevas sin hacer revival de lo que ya pasó sino de lo que va a pasar.

Perrosky no abandona jamás la idea de sonar a clásico en ninguno de sus siete discos a la fecha y “Tostado” es una piedra más a sumar para pasarse por la raja esa temporalidad que dice que lo nuevo es sinónimo de moderno.

Son de esas bandas anti gatopardistas que valen la pena y no se compran la idea de que «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

Puro blues punketa y se agradece demasiado.