La primera vez que escribí de música, fue para hacerlo de American Music Club en el tiempo de la Extravaganza en Blanco y negro estilo diario. Antes de que las marcas se apoderaran de todo.
Antes también de que empezara a importar más el resumen que la idea de que hay discos que no son resumibles.
Antes de tener que ponerle estrellitas a las cosas, estilo Passalaqua.
Y esa vez los primeros 3 párrafos empezaban así:
Escuchar a Mark Eitzel susurrarte al oído sus historias de amores inválidos y destruídos es llegar donde las teleseries y las tarjetas postales no pueden hacerlo. Es mirar el fondo de un vaso tratando de olvidar y darte cuenta que sólo queda la saliva amarillenta y que el hueón de la mesa del lado se tira 3000 frases mejores que las que le escuchaste a Bukowski en tu adolescencia.
Escuchar a Eitzel, es ser siempre una especie de fumador pasivo si es que no fumas o fumarte 7 cigarros más de lo habitual, si es que tienes la suerte de ser fumador y poder compartir cigarros con alguien que sabe contar tan pero tan bien las historias.
Escuchar a Eitzel, es parecido a darte vuelta la piel y que todo lo que te toque te duela. Es como cuando tu amigo de la infancia, proyecto futuro de Anibal Lecter, te tiraba alcohol en una herida diciendo: Pero si es por tu bien, ya verás ya verás ya verás.
Es sentarte solo en la última fila del cine y ver pasar tu vida por delante sin entender bien quiénes son los personajes ni cuál es tu papel en esta película.
Mark Eitzel es de esa gente a la que le compras todo porque sabes que alguien para poder cantar así, sigue siendo de esos que escriben para tratar de comprarse alguna vez una idea cómoda de algún sí mismo.
A Eitzel le creo cada una de sus ironías, su voz desgarrada, su manera de crear las canciones más complejas de cosas tan simples como una despedida(western sky), una polera(blue and grey shirt) o un perfume (channel number five) y me creo también su capacidad de hacer que todo se vuelva real por un momento o, en ciertos casos, por mucho más tiempo.
Eitzel es como un Bukowski con sinapsis estilo Cheever.
Sus letras hablan de antihéroes que siempre están cayendo, de tipos abandonados, de amigos muertos(su mejor amigo murió de sida años atrás), de historias simples que podrían estar sucediendo en la esquina, pero que no todos pueden percibir como él lo hace.
En sus manos la soledad es más hermosa y la caída es más profunda.
Si pusiéramos a cualquiera de los llamados cantantes “románticos” a componer una canción de amor como las de él, seguramente sería una colección de clichés estúpidos y repetidos que llenarían las disquerías y las radios, pero que al poco tiempo se olvidaría con la próxima canción de moda.
Sus canciones son como esas fotos que te sacaron y que dijiste que borraran, y que las viste 10 años después con rabia y agradecimiento.
Rabia de que no querías verlas y agradecimiento de que querías verte.
Las canciones de Eitzel, siguen siendo esos pequeños cortometrajes que dejan de ser canciones para tener vida propia.
¿Quién podría decir que Robert de Niro está actuando en Taxi Driver?
Su personaje ya tiene vida propia en mucha gente.
¿Quién olvida ese “are you talking to me”?
Con las canciones de Eitzel pasa lo mismo; sus personajes son como los amigos que nunca tuve o que, por suerte tengo, pero que jamás son sólo una canción. Son frases que se te quedan pegadas y ya forman parte de ti como:
“Ahora me fui y nada podrá durar a menos que te ame cada vez más(Fearless) o “Ayúdame , ya nada me hace reír, ya nada me hace llorar”(Can you help me).
Escuchar a American Music Club es revolcarte en los recuerdos y pasearte por lo mejor y lo peor de tu vida en unas cuantas historias plagadas de soledad y dolor.
AMC es especial para disfrutar de tu soledad. De lo único que realmente nos pertenece y que nunca nos podrán quitar. Los amigos pueden irse o perderse con los años.
Las mujeres pueden ir y venir. La alegría puede ser más falsa y efímera que un polvo de película porno.
La tristeza a veces puede olvidarse con trabajo, televisión o lo que sea, pero es la soledad la que nos llama sin pedirnos permiso.
Cuando los amigos desaparecen, cuando las mujeres parecen haber sido tragadas por la tierra.
Cuando la alegría y la risa se transforman en una caricatura de circo de lo que somos, la soledad es la única que nos queda y nos acompaña aunque no la hayamos invitado.
Podemos estar rodeados de gente pero ella es eso sombrío que nos hace de sombra y sigue estando ahí. Se nos pega como esa costra que es peor que la herida que oculta debajo.
Es como la masturbación. No dependes de nadie para tenerla pero sólo es posible sentirte solo o tener placer en relación a otro, aunque este sea tu cuerpo.
AMC te hace disfrutarla y añorarla tanto que uno tiene ganas de alejarse de todo y volverse aún más masoquista de lo que es.
Hay otros grupos más depresivos pero que carecen de la sutileza, la realidad y la ironía que AMC tiene.
A ellos las historias les salen solas. No quieren hacernos creer que están destruídos y que no pueden más con sus fantasmas internos, sino que sus canciones son tan reales-por lo tanto identificables- que nada suena falso y logran hacernos sentir que eso mismo nos puede pasar o que ya nos ha pasado.
Son como un amigo al que escuchas con la confianza de saber que habla el mismo lenguaje o aún más, como esas películas que te marcan y luego piensas en que te podría pasar a ti. O peor, que son tan reales que sales desilusionado porque eso que viste no era una película.
Sus canciones son una mezcla única entre imágenes sacadas de un cine en blanco y negro, de salas de barrio y de literatura sobre puros Bartlebys y los que pudiendo serlo, no lo fueron.
Es admirador de Cassavetes, lo acusan de robarle palabras a Bukowski. Se declara influenciado absolutamente por N. Drake, Westerberg y Dylan y si se siente en confianza empiezan a salir Codeine, V. Chesnutt, Palace Brothers, Jack Logan y Stereolab.
AMC puede destrozarte, pero jamás va a dejarte solo.
Perdón Eitzel, por no haber escrito de ti, en la primera columna.
Tu disco nuevo llamado “don´t be a stranger” , es lo mejor que has hecho en años querido amigo.