Por Pablo Rosenzvaig en Disorder Magazine.
Prejuicios o ignorancia hicieron que me demorara demasiado en escuchar este disco, pero el tiempo perdido lo recupere escuchándolo luego una y otra vez.
Nada mejor que hablar de la formalidad y prolijidad con la que suena este disco. No te vas a encontrar con nuevas estructuras musicales ni nada parecido, sino con guitarras y coros que suenan al rock y pop más clásico.
“Los días santos” de Leo Quinteros probablemente sea muchas cosas que has escuchado antes, pero si le pones atención a las letras te darás cuenta de que, para Quinteros, una ironía entre medio de 20 frases vale más que las 20 frases que esconden la ironía.
Cuando te topas con alguien que es más fiel a lo que quiere decir, que a lo que debe decirle a su target, y encima no es de esos que crípticos que en realidad son idiotas, uno termina creyéndoles. Dan ganas de dejar lo que pudiste pensar y ponerte a escuchar.
“Y si quieres recordarme piensa en la noche en que nos vimos, en la que llevaba este mismo abrigo” canta leo Quinteros en “La reacción del mar”, canción con la que empieza el disco.
“Así cayeron las impresiones, olvida mi nombre. Voy a otro lugar que tú no veras jamás, que tú no podrás tocar” dice el coro de la segunda llamada “Dígame ud.”.
“En cuanto a las heridas yo te digo no es que me gusten pero no me quedan mal” dice en “Cheerleader”.
Y Cito estas primeras tres porque acá ya podemos decir algo sobre, lo que siúticamente podríamos llamar, el imaginario de Leo Quinteros.
Este es un disco creado como mirando lo que dejaste atrás por el espejo retrovisor. No un pasado que te sigue de cerca como tu sombra, sino ese que ya no eres, y Leo lo dice y por eso mismo, a veces, puede llegar a sonar barsa para alguna gente. “Me van a disparar si no estoy despierto” canta en “Santiago centro”, y aunque camine por los lugares que algunos llaman comunes o trasnochados, para mí es todo lo contrario.
Un trabajo en donde ponerte a pensar que muchas melodías te parecen demasiado conocidas da exactamente igual. Da igual incluso que a veces suba el tono cuando le parezca que algo debe sonar importante, o que algunos riffs rockeros suenen medio a Sabina o a Fito Paéz después de haberse enamorado.
Entre tanta “cuicodelia”, que cree sonar bien antes que decir nada y termina siendo el hermano mongo de todo lo que ya escuchamos, a mí me parece que este disco de Leo Quinteros se arriesga mil veces más en lo que quiere decir que en lo que a veces suena.
Se arriesga incluso mucho más en lo que viene antes del estribillo y donde el coro no te aclara lo que ya no escuchaste. No te sirve saber que la cosa se resuelve con un “i wanna be your girlfriend» o un «i wanna hold your hand”.
“Acaso estábamos perdiendo nuestro sábado” vale por mil idiotas interpretaciones posibles. Leo Quinteros me parece que ha logrado sonar a Babasónicos, a los Angeles Negros, a Melero o a lo que quieras sumar o restar. Y aún así, obligarte a pensar lo que significa haberte ido de miles de fiestas, creyendo que te perdiste algo que sólo tenía que ver con tus fantasías idiotas. Esas que podían tenerte en un rincón, ilusionando siempre que algo podría pasar o que algo podría ser distinto.
Eso que justamente te tenía ahí creyendo que ese sábado no ibas a perderlo y sería distinto a otros anteriores. A veces sí y a veces no. De 40 te fue bien tal vez 7, pero siempre que andabas por ahí, era porque probablemente saliendo creías que ganabas más que quedándote en tu casa. Y Leo Quinteros no sólo logra esto en “Nuestros sábados” sino que en el disco entero.
No haré una arqueología del acaso, pero sí creo, que alguien que logra decir y hacer tanto con tan poco, se merece todas las pajas del mundo.
“Los días santos” suena a demasiadas cosas en tu oreja, pero es como una especie de versión infernal de lo mejor de todo lo que has escuchado antes. “No parece”, la canción con la que termina “Los días santos”, es esa especie de temas que aún dando por sentado todo, hacen de tu vida un rompecabezas que recién empieza a armarse o se arma mientras escuchas. Es de ese tipo de canciones que me dan ganas de enrostrarle en la cara a demasiada gente y que te hace poner un disco de nuevo para saber cómo mierda llegaste ahí.
Tiene la misma materia y forma de muchas otras cosas pero no es lo mismo que millones de cosas que has escuchado antes.
El camino que toma Leo Quinteros esta vez, es quizá uno de los más difíciles. Ese lugar en donde está tan claro lo que se quiere decir pero no te importa cómo, cuándo y dónde van a hablar de ti.
Y no hablo de cosas objetivas como a mucha gente le gustaría, ni tampoco se trata de que ya supiera de antemano lo que iba a decir de este disco.
A veces para mí es tan simple como saber, que mañana lo escucharé de nuevo.