REVOLVER, el disco que marcó mi vida, como si la vida fuera una pintura de coche de mala calidad y REVOLVER DE LOS BEATLES fuera un clavo, al menos una parte importante de ella.

Si me piden que hable sobre el disco que más ha marcado mi vida, pienso en muchas cosas a la vez, estas cosas se mezclan y mi cabeza se convierte rápidamente en una nebulosa trepidante. Encima digo que sí y luego no sé a cuál, ni siquiera a qué referirme; ¿cuántos discos?

Pienso que los discos son los retratos más exactos de momentos de la existencia, para quienes y para cuales; ¿Cuántos momentos?, ¿Cuántos retratos?.

Mucho retrato borracho, digo mucho disco que no me acuerdo.

REVOLVER DE LOS BEATLES fue el primer LP que escuché con atención y yo creo que es el que más vueltas ha dado en los torna-mesas que he tenido.

Es mi primer disco de ROCK, el séptimo de los Beatles.

En él, dejan definitivamente de lado el formato ye ye, que venían arrastrando desde sus primeras canciones, se vuelven experimentadores en los procesos del sonido y en la música. Y se adentran al género que en ese momento se llamó Psicodelia en relación a los estados mentales alterados por las sustancias químicas. Pero eso lo dicen los clasificadores de la música y la policía cristiana y anti-drogas, con los cuales no comparto casi nada porque no sé, no tengo.

Es un disco en el que los cuatro estos ya eran dueños de lo que hacían, en ese momento eran dueños del mundo inclusive, y se paseaban tranquilamente por el estudio haciendo y deshaciendo. Las canciones pueden ser muy experimentales respecto al pop del momento, pero no tengo ninguna duda de que contienen los mejores principios, escuchen el cardiaco “Good day sunshine” o “Im only sleeping”; los mejores solos de guitarra al revés y al derecho: al revés en “Im only sleeping” y al derecho en “She said” que también tiene un sonido prístino y expresivo en los tambores, “And your bird can sing” o “Got to get you into my life” y sus fanfarreas; un mantra multi-instrumento y multi-voz, una sobre otra con el “Tomorrow never knows”; Arreglos de voces sin par a la “Pet sound” (Beach Boys) en “Here There and Everywere” y hasta tiene una canción para niños, “Yellow submarine”.

El disco es redondo empieza con los beats violentos de “Taxman” y terminan con la gigante, trágica, densa, “Tomorrow never knows”.

Lo que decía antes de los momentos, que son retratados por los discos, en este caso da para cada canción también con sus high-ligths: “Taxman” es un energizante, sirve para empezar cualquier empresa incluso para salir a trotar(en mi imaginación porque nunca he salido a correr, a menos que haya tenido que irme escapando de algún lugar); La “Eleanor Rigby” una maravilla de canción que armoniza con cualquier cosa, cualquier comida, cualquier bebida y cualquier situación; “Im Only Sleeping” en un domingo, agetreado despertando, bien acompañado y con resaca.

No sigo, es un disco que me gusta mucho y que nunca he dejado de escuchar. Preferiblemente en vinilo y con altavoces grandes y así que sus canciones inunden las habitaciones de tu morada o si vives en esas piezas cuyo aviso de alquiler dice: “Se arrienda pieza para persona sola”, puede escucharse en un equipo más pequeño e igual vas a llorar.