Empezar a hacer lo que se llaman terapias breves con eyaculadores precoces parece un chiste macabro para alguien que se formó a partir de Freud con la idea de que los conflictos psíquicos son simbólicos y que la ansiedad es sólo un síntoma más de problemáticas históricas, no necesariamente resumibles en un número corto de sesiones.
Suele suceder que la idea que uno tiene de un ser humano no se resume ni en una dada de alta ni en una sanción que venga a cortar el sufrimiento del que viene a tratar de desplegarlo. El sentido común que a veces cree que alargar algo es aumentar la charlatanería, se olvida de que un psicólogo nunca habla totalmente desde la externalidad de una objetividad dada de antemano. El psicólogo trabaja con el lenguaje, el mismo lenguaje que lo ha creado a sí mismo. Esos psicólogos que aconsejan desde el lugar de la verdad tratando de darle seguridad rápidamente a sus pacientes o esos más precoces que sus mismos pacientes, suelen ser aquellos que terminan integrando a sus pacientes en una eterna búsqueda de verdad, en vez de enfrentarlos con la idea de que la verdad es no sólo una construcción sino también parte de su propia historia.
Por eso pasamos de las cartas a los astros, a los medicamentos, a la verdad nueva que esté de moda pero que será siempre una nueva dependencia a la verdad de otro. Cambiamos el cigarro por el chicle, o el gimnasio por el yoga pero no cambiamos la dependencia. El día que nos saquen ese objeto que nos paraba en el mundo, volveremos a caer.
Yo ya sabía esto en la teoría mucho antes pero leer es una cosa y escuchar es otra. Y escuchar te trae preguntas que te vuelven a hacer teorizar y volver a leer eternamente.
Ese lugar del psicólogo que recibe preguntas sólo contestando y tapándole las dudas al otro desde una verdad que ni el mismo conoce, es el eyaculador precoz de la psicología.
Es ese que ante sus propias dudas, trata de tapárselas rápido al otro.
La cantidad de pacientes que van de un psicólogo a otro tratando de resolver a veces la misma pregunta, demuestra que el problema no está en dar respuestas sino más bien en ayudar a formular mejor esas preguntas que el paciente siempre cargó a cuestas.
La mayor parte de las veces, uno sabe que una terapia fue exitosa no porque el paciente necesariamente termine siendo otro, sino más bien porque aprendió a reírse de esas cosas que probablemente nunca cambiarán demasiado. Porque tiene la libertad de poder reírse de esas cosas que antes eran un automatismo y las puede ver un poco más desde afuera.
Uno aprende a ser precoz a veces con los precoces. A entender que esa precocidad para ellos es eterna. Uno escucha que llevan 7 años en lo mismo y que tienen parejas que ya al primer año les dijeron cosas cómo “hazte ver”. Y llegan al quinto año y uno piensa en ellos y en ellas. Uno piensa en las cosas que hicieron que la relación subsistiera tanto tiempo.
Aparecen los pros y los contras, aparece al fin y al cabo la historia. Siempre aparece la historia.
La eyaculación precoz es a veces la historia que no quiere ser contada. Esa especie de liviandad de leer un prólogo y el final del libro porque la historia es demasiado pesada.
La eyaculación es una paradoja que suele desplegarse desde miles lugares distintos.
El primero tiene que ver con esa masculinidad construída en torno a que el “hacerte hombre” tiene que ver siempre con demostrar eso frente a otro. A esa idea aún existente de que el hacerte hombre se resuelve en prostíbulos, le falta saber que a veces lo que sucede del otro lado de las puertas cerradas es puro miedo. Le falta saber que a veces lo que se demuestra tiene que ver más con ese otro que te lleva que con el que va a demostrarse a sí mismo su hombría.
Y no se trata de que ese que va no lo haga bien, sino más bien de que no sólo ahí no se resuelve nada, sino que muchas veces el mayor problema es de los que creen que ahí resolvían algo.
La sexualidad no es algo que se resuelve con una firma sino más bien es eso que te enfrenta día a día a lo que desconoces.
Nuevamente hay que enfrentarse más a las preguntas que a las respuestas y el eyaculador precoz suele enfrentarse años o décadas después a eso que creía que iba a ahorrarle no sólo el suspenso de su sexualidad, sino más bien el suspenso de lo que toda pregunta tiene antes de ser contestada.
Los eyaculadores precoces suelen ir siempre antes a un urólogo que les diga que su problema es fisiológico. La manera más rápida de saturar una pregunta.
Y les dicen que su problema no es físico y se enfrentan a algo que nunca quisieron saber.
Primero se dan cuenta que la ansiedad que siempre les fue práctica les empieza a fallar.
Segundo se preguntan ¿por qué ahora y no antes?
Tercero se dan cuenta que van a la cama como van a su trabajo. Que comen igual de rápido que resuelven los problemas en su pega.
Cuarto se dan cuenta que cuando algo empieza a fallar quieren resolverlo lo más rápido posible.
Y quinto y lugar terrible. Ya no tienen del otro lado una mujer sumisa que se las banca todas. A veces ni saben que sus mujeres son incluso más ansiosas que ellos.
Tenían a veces tan claro su lugar que nunca pensaron que iba a llegar el terremoto.
Estaban a veces tan bien en su lugar, que incluso no podían decirle a quién estaba al otro lado, que fuera más lento.
En algún lugar aunque no siempre, la eyaculación precoz es una manera de entender que la omnipotencia no es eterna.
A veces se trata de que todo eso que alguna vez creíste que se respondería rápido, te está pasando la cuenta.
A veces es que esa idea de que no todo es tan resumible y de que eso que siempre te saltaste y te resolvía las cosas antes, ya no te funciona.
El sexo suele tener un lado muy místico de que las cosas ahí se resuelven, no por nada existen conceptos como la flor o la prueba del amor pero el sexo hoy suele ser al revés.
Ni ser actor porno ni ser el mejor metrosexual del mundo resuelve nada. Ni leerte todas las penthouse ni las Cosmopolitan tampoco.
La eyaculación precoz no es un virus. No te la agarras por andar mucho en la micro ni es algo endógeno. Tampoco es algo que te pasa al lado de tu vida.
Lo precoz es algo que nace antes de que quieras que nazca. En este caso es la falta de control en algo que creías controlado. Es también muchas veces ese límite que te dice que aunque creas que lo controlabas todo la cosa no es tan así.
A veces para muchos es el cuerpo que les dice que existe un inconsciente.
A veces es la manera que muchos tienen de abrir preguntas nuevas obligados por ese síntoma que les muestra por primera vez que no todo podían controlarlo.
Para otros es la debacle de una masculinidad que creían eterna.
Para algunos es darse cuenta que el sexo llegó a ser un puro trámite y que su relación ya estaba devastada hace demasiado tiempo.
Y para muchos es ese miedo que los lleva a alejarse de lo que más quieren por temor a fallar de nuevo y ese alejamiento inconsciente a sus propios fracasos, suele ser interpretado como falta de deseo.
Y el otro se aleja más porque cree que ya no lo buscan y las cosas pasan de gris a negro.
En resumen, muchas veces trabajar la eyaculación precoz es trabajar también sobre la relación de uno mismo con su cuerpo y lo que significa que ese cuerpo se relacione con otro.
La ansiedad esa que persigue al eyaculador precoz no es sólo la ansiedad frente al sexo sino en general frente al mundo.
Es por esto que cuando se curan, no sólo cambian en la cama sino en cómo se relacionaban con gran parte de las cosas que los rodeaba. Después de eso, comienza la verdadera pega.