Por Pablo Rosenzvaig en Disorder Magazine.

Da un poco igual que Dënver haya escuchado a “Family” o a “Alaska” o haya plagiado las sagradas escrituras. Lo bueno de oír discos como “Música, gramática, gimnasia” es que las influencias no sólo se vuelven redundantes sino que te enfrentan a ese periodismo googlero que para hablar de un disco se dedica a mirar todo desde la tribuna y gasta sinapsis en pensar a qué se parece esto o a que se parece aquello. Esa frase de nuestros abuelos que se trataba de poner oreja, nunca ha sido más actual que con “Música, gramática, gimnasia”. Lo lindo de Dënver es que avasalla toda referencia y jugando en el campo mismo de las referencias te obliga a escuchar gastando calorías. Es como si hubieran sabido que este disco se iba a parecer bastante a esos mensajes que después de leerlos se autodestruyen en 20 segundos.

Poca gente puede llamarle a un tema “Diane Keaton” y convertir el Manhattan de Woody Allen en algo tan propio que te hace dudar de si en realidad no estaban hablando de Buster en vez de Diane. Y por eso me inclino a pensar que acá suena mucho más el Lambchop de Grumpus que “la casa azul”.

Creo en serio que Dënver no sólo se ha mandado un discazo porque logran sonar prolijos en su desprolijidad, sino porque en serio estoy convencido de que no es fácil hacer un disco como este. Saltémonos que pueden ir desde los Bee Gees en «en medio de una fiesta» a Elliott Smith en «Bikers» o a Dandy Warhols y Primal Scream en «Los adolescentes».

Olvidémonos de las referencias, que podríamos citar por millones, y pensemos en lo que logran decir con todo ese arsenal de influencias que cualquiera en los tiempos del “soshials nerdwork” tiene a la mano. Lograr una canción tan putamente romeriana como “Los Bikers” y tener los huevos para detenerte no sólo en la música sino en querer contar algo que supuestamente no tiene sentido. Arriesgar en estos tiempos a hacer una canción que para ser genial tuvo que nacer casi muerta merece todo mi puto respeto.

“Cartagena” es más punk que una convención de mohicanos y si lo pudiste ver o escuchar es cosa tuya. Esto no va de música ligera y da lo mismo toda esa gente que en las entrevistas dice que le gusta Woody Allen y Bacharach y Jobim y que eso estuvo escuchando en el estudio mientras gestaba su obra maestra.

La cosa denveriana va de usar lo que quieran a destajo, porque en la mezcla está lo que se quiere decir y encima son tan bacanes que andan dejando sus huellas por todos lados porque también saben que ninguno de esos datos tendría sentido fuera del que, conscientemente quisieron o no quisieron, darle.

Y ya que saldrán los que siguen amando a Cerati y dirán que lo español de lo español de lo español, les cito a otro español que en realidad es nadie:

“Me van los imperdibles
y los pelos de colores
eso no es que me convierta
en un gilipollas de ideas cuadradas“

Sospecho que a uno de los dos de Dënver le gusta Mecano y si fuera así es primera vez que tendré que volver a escuchar ese suplicio, porque yo creía que algo que sonara a Supernova, estaba para mí descartado de antemano y puta que “Litoral central” suena así pero también a las Supernova después de que Bobby Gilespie las contratara en su puticlub.

Y por último y no porque no tenga más cosas que decir sino porque creo que he cumplido lo que necesitaba decir del disco. Era un poco urgente. En un momento creo fui feliz, muy lentamente lo vi venir. El disco era gigante sobre mí. Miedo no me dio, miedo no me dio. Nunca antes estuve mejor, en un momento fui feliz.